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AYUDAS PERSONALES

Ayudas personales

Botón La experiencia de cuidar

El cuidado de un familiar que depende de nuestra ayuda para satisfacer sus necesidades puede ser una de las experiencias más conmovedoras y satisfactorias. Puede hacer que en las numerosas tareas que implica, descubramos en nosotros mismos cualidades, aptitudes o talentos que de otra forma habrían pasado inadvertidos.

Puede, asimismo, estrechar la relación con la persona que cuidamos o con otros familiares y conseguir que descubramos en ellos facetas interesantes que, hasta entonces, habían permanecido ocultas para nosotros. Una gran parte de los cuidadores, pese a posibles sacrificios, descubre la íntima satisfacción de ser útiles a sus familiares más próximos. Pero, también es cierto, que puede ser una etapa de labor solitaria e ingrata. De hecho, en muchos casos, el cuidado de un familiar o de otra persona se convierte en una suma de goces y padecimientos. Lo que es seguro es que cuidar a un familiar es una de las vivencias más dignas y merecedoras de reconocimiento por parte de la sociedad y así lo deben tener presente quienes asumen esta responsabilidad.

El cuidado conlleva una gran carga física y psíquica, pues nos responsabilizamos de la vida de la persona dependiente: medicación, higiene, cuidados, alimentación, etcétera.

Generalmente, la ayuda y la atención recaen en tareas como, por ejemplo:

> Las actividades de la casa: cocinar, lavar, limpiar,...

> El transporte fuera del domicilio (acompañarle al médico).

> La higiene personal.

> La administración del dinero y los bienes.

> Supervisión en la toma de medicamentos.

> Ayuda en cuidados de enfermería.

> Llamar por teléfono o visitar regularmente a la persona que se cuida.

> Resolver situaciones conflictivas derivadas del cuidado (cuando se comporta de forma agitada).

> Ayuda para comunicarse con los demás cuando existen dificultades para expresarse.

> Hacer por su familiar pequeñas tareas de la vida cotidiana (llevarle un vaso de agua, acercarle la radio,...).

Botón Cambios en las relaciones familiares

Cuidar al padre, a la madre, al hermano mayor o a la pareja implica acompañar a una persona querida y continuar compartiendo muchas experiencias, enriqueciendo una relación de mucha historia. Esta situación supone un cambio en los papeles que cada uno había asumido hasta ahora.

Tenemos que tener en cuenta que la tarea de cuidar a una persona dependiente puede implicar muchos cambios en la relación con la pareja e hijos.

Botón Cambios en el trabajo y en la situación económica

Para muchos cuidadores no resulta fácil mantener un trabajo y realizar al mismo tiempo la tarea de cuidado. De hecho, muchos cuidadores optan por abandonar su trabajo o reducir su jornada laboral. También son frecuentes las dificultades económicas, ya sea porque disminuyen los ingresos (reducción de la dedicación laboral) o porque aumentan los gastos derivados del cuidado del anciano.

Botón Cambios en el tiempo libre

Ayudas personales

El cuidado de una persona dependiente exige mucho tiempo y dedicación. Una parte sustancial del tiempo que antes se dedicaba al ocio, a los amigos, hay que destinarlo ahora a afrontar esta tarea. Es frecuente que el familiar cuidador perciba que no tiene tiempo para su ocio. Incluso es posible que no se dedique ese tiempo a sí mismo por los sentimientos de culpa que le produce pensar que si dedica una parte del día a sí mismo está abandonando su responsabilidad. La reducción de actividades en general y, sobre todo, de las actividades sociales, es muy frecuente y está muy relacionada con sentimientos de tristeza y de aislamiento.

Botón Cambios en la salud

Algo muy común en los cuidadores es el cansancio físico y la sensación de que su salud ha empeorado desde que cuidan de su familiar. De hecho, no es una sensación , pues se ha comprobado que los cuidadores tienen una peor salud, visitan más al médico y tardan más en recuperarse de las enfermedades.

Botón Cambios en el estado de ánimo

Se sabe que la experiencia de cuidar a otra persona genera en muchos cuidadores sentimientos positivos. El simple hecho de que la persona a la que cuida y a la que quiere se encuentre bien puede conseguirlo.

La persona a la que se cuida puede mostrar su agradecimiento y eso le hace sentir bien. Hay quien cree que ofrecer estos cuidados es una obligación moral y cumplir con ello le hace sentirse satisfecho.

La experiencia de cuidar, día a día, a una persona mayor dependiente puede acarrear, asimismo, consecuencias psicológicas negativas.

> Sentimientos de tristeza, desesperación, indefensión y desesperanza . Se ha comprobado la presencia de un alto número de síntomas depresivos en familiares cuidadores. Esto puede ser debido a muchas causas: a la situación de declive que perciben en su familiar, a la reducción de su tiempo libre, etcétera. A pesar de lo doloroso de la situación, el cuidador no debe abandonarse a la tristeza. La melancolía le empañará la vida y no le permitirá disfrutar de otros momentos felices. La tristeza es lógica, pero no puede vivirse como un sentimiento único ni prioritario.

> Sentimientos de enfado e irritabilidad . Es frecuente que los familiares cuidadores experimenten estos sentimientos cuando perciben su situación como injusta o su labor como poco reconocida. Reconocer estos sentimientos permite expresarlos y compartirlos saludablemente con familiares, amigos y otros cuidadores y profesionales.

Ayudas personales

> Sentimientos de preocupación y ansiedad ante la situación . Preocupación por la salud de su familiar, por su propia salud, por los conflictos familiares asociados, por la falta de tiempo para todo, etcétera. Es inevitable sentirse preocupado, pero hay que vivir el presente sin dejarse influir por un futuro incierto. No hay que dejar de vivir el presente por pensar en el futuro. Lo importante es considerar el valor de la ayuda y los cuidados que se prestan y el alivio y la satisfacción que producen a la persona que cuidamos.

> Sentimientos de culpa . Pueden experimentarse por muy diversas razones: por haberse enfadado con la persona a la que se cuida, por pensar que no hace todo lo que se puede, por desear que el familiar muera (para que deje de sufrir o para "liberarse" el cuidador de la situación), por desatender otras responsabilidades, etc. Culpabilidad por los propios errores o inadecuaciones en la tarea. Debemos asumirlos como inevitables y tratar de mejorar, dentro de lo que cada uno puede dar. El valor de los cuidados que se dedican está muy por encima.

> Depresión . Cuando la tristeza, la preocupación, la soledad y la desesperanza se viven sin otra alternativa, se enferma de depresión. Es decir, cuando estos sentimientos que causan infelicidad no se mitigan o se equilibran con otras vivencias positivas: amor, cariño, ilusiones, causan depresión en el cuidador. Este debe autoanalizarse para valorar el grado de depresión que padece. En el caso de depresiones leves el estado de ánimo mejorará tomándose unas vacaciones, un tiempo alejado del enfermo, realizando alguna actividad gratificante, descansando lo suficiente, etcétera. En otras personas, la depresión es más grave y no se cura por sí misma, por lo que necesariamente deben acudir al médico.

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