Infarto cerebral
También conocido como ictus o accidente vascular cerebral, es la obstrucción brusca de la llegada de sangre a una parte del cerebro por trombosis o embolia cerebral o bien por rotura de una arteria (hemorragia cerebral).
Debido a la falta de sangre en el cerebro, se produce la muerte de la zona que se queda sin riego y las consecuencias es que queda paralizada la zona del cuerpo "dirigida o gobernada" por esa parte del cerebro. Es una enfermedad muy frecuente en las personas mayores y es la mayor responsable de la dependencia en las personas mayores, probablemente por los cambios que se producen con los años en las paredes de las arterias (se vuelven más duras y menos elásticas).
Las consecuencias de estos hechos pueden ser muy graves. En los casos más graves las manifestaciones son muy evidentes: imposibilidad de mover la mitad del cuerpo (parálisis o hemiplejia), imposibilidad para poder hablar (afasia), pérdida o disminución de la conciencia, coma, etcétera.
Es importante conocer los amagos de trombosis que son pequeñas trombosis o embolias que apenas producen síntomas, pero que son un aviso de otras más graves. Son los llamados accidentes isquémicos transitorios y se suelen manifestar con alguno de los siguientes síntomas o signos: hormigueos en alguna parte del cuerpo, pequeña dificultad para hablar, ligera torcedura de la boca, pérdida transitoria de la visión, mareos, caída, ligera torpeza de algún miembro, etc. Si aparecen hay que acudir al médico de urgencias para que inmediatamente lo valore y le ponga el tratamiento adecuado.
ícomo la detección precoz de ciertos problemas son de gran importancia para su buena evolución. Durante la estancia hospitalaria, la persona que va a asumir este papel debería aprender a realizar los cuidados.
én es aconsejable animar al paciente al desarrollo de actividades tanto físicas como mentales que estimulen la recuperación de las facultades perdidas. El paciente debe permanecer en cama únicamente el tiempo necesario para el descanso nocturno y unas horas de siesta tras la comida del medio día. El resto del día es preferible el sillón e intercalar breves paseos con o sin ayuda de personas o utensilios (bastón, andador) según su grado de discapacidad. Es importante adecuar el domicilio a las discapacidades que presente el paciente para evitar en lo posible las caídas. La silla de ruedas es aconsejable en pacientes con alteración grave de la marcha, cuando se prevea que la recuperación será lenta o bien cuando se considere ésta como secuela definitiva.